viernes, 25 de julio de 2008

Historias de terapia intensiva.


Maistegui, el decano, cayó en coma cuatro el día en que su hemisferio derecho sintió que nada tendría sentido sin el izquierdo.


Así fue como ocurrió, la noche del Horror. Pérez pensaba correr tanto como vueltas tenga la Tierra, hasta que, reflexionando, optó por frenarse en un buen escondite. No pasó demasiado tiempo y todo comenzó a sacudirse de nuevo; Pérez lo sentía en el pecho, pero se mantuvo firme, ese era su deber. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, resurgió con la decisión de una bestia moribunda y la encerró, le dió dos vueltas a la cadena, le puso candado y se tragó la llave. Cuanta serenidad había hoy en el corazón de Pérez, hoy era de cubitos de John Wayne, de helado de Pete Sampras. Allí estaba, roja detrás de la puerta, intentando aún fustigar la calma que Pérez buscaba desde hacía ya medio lustro: ¡la ilusión! de que todo va a salir bien. Cuanta felicidad se amontonaba en su nueva vidita. Se habría un mundo nuevo con esa sonrisa. Sin embargo, la ventana Pérez, la ventana...


Una tradición, la prolongada espera de la gente de Shareville, los sharevillanos. Cada mañana se levantan bien temprano, desayunan la cena con las noticias, escuchan "Surfer Rosa & Come On Pilgrim" mientras reescriben sus testamentos, y marchan expectantes al lugar consensuado, pero nunca (NUNCA) pasa lo que debe pasar. Simpático. Sin embargo, un día, entre medio de no sé cuantos días, pasó, pasó lo que debía pasar, y sorprendentemente todos todos hicieron como si no pasaba nada. Excepto uno, que aquí está, bastante golpeado.

2 comentarios:

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Golpeado, pero con tus hemisferiós a full...
Saludos desde mi lado derecho,
que no descansa...

(te manda un lengüetazo una jirafa...;)

Julien Suiblond dijo...

=) me gustan mucho las jirafas. Una vez me preguntaron que animal querría yo montar y dije "¡Una jirafa!".